NOTAS Y ARTÍCULOS
EL DÉFICIT DE ATENCIÓN: LA
IMPORTANCIA DE LA MEDICACIÓN
Prof. Sarah Solzi de Rofman
Medicamentos: opiniones peligrosas...
El siguiente comentario no apunta a generar una polémica
en torno a la forma en que deberían cumplir su función
las importantes figuras del ámbito médico,
político y medios de comunicación, ya que
ello no pertenece al ámbito de nuestra competencia.
Nuestra intención es poder reflejar con situaciones,
los daños que puede crear una información
acotada, distorsionada o duplicada respecto de la problemática
que nos ocupa; especialmente nos referiremos a la mala fama
generada en torno a la medicación del Déficit
Atencional y las consecuencias que esa falsedad genera.
En la actualidad, principalmente en los últimos años,
son frecuentes las operaciones que se forjan a través
de algunos medios de comunicación tendientes a formar
distintas corrientes de opinión a favor o en contra
de determinados temas. No siempre estas campañas
son lanzadas para difundir temas ciertos que interesan y
sirven a la población, sino que pueden partir de
intereses de sectores que esconden objetivos particulares,
produciendo como resultado ya no opinión pública
sino opinión publicada.
El ejemplo más clarificador de la situación
planteada se presentó recientemente al realizarse
la difusión intensa en forma distorsiva sobre “medicación
para niños para que se porten mejor en la escuela”,
temas que en general la población no domina por lo
que son de fácil manipulación.
Importantes medios confundieron y fusionaron información
que provenía de EEUU sobre la problemática
de la medicación. Un importante referente político
de aquél país cuestionó duramente si
había o no que medicar a los chicos con déficit
atencional, porque justamente los muchachos asesinos de
los ataques sangrientos a escuelas, eran consumidores de
medicación para el déficit atencional.
A éste panorama se sumó la historia de un
Jardín de Infantes de la ciudad de La Plata (Buenos
Aires, Argentina) cuyas docentes administraban sedantes
a los niños para que se porten mejor, junto a hechos
similares ocurridos en media docena de países latinoamericanos.
Estos acontecimientos sirvieron para acoplarse al rechazo
“mitológico” a medicación originando
de esta naturaleza, trayendo como consecuencia revuelo y
pánico (en el mejor de los casos serias dudas) en
los padres de niños que tenían la necesidad
de usar la medicación apropiada para controlar los
síntomas del déficit atencional.
La medicación es útil y necesaria en determinados
casos
La medicación, cualquiera que sea, bien administrada
y controlada, brinda beneficios a quiénes la necesitan.
Cualquier persona o profesional médico no es idóneo
para determinar si se puede dar o no determinado psicofármaco;
es prerrogativa del médico clínico o pediatra
determinar si un paciente debe o no consumir un medicamento.
Incluso hay algunas drogas que se recetan con contraindicaciones
muy importantes y que sin embargo en ocasiones se administran
porque el mal que se evita es mayor que el riesgo de consumir
esa droga.
Puede llegar a suceder que un médico “sobremedique”
o medique innecesariamente a una persona, en ese caso estaremos
hablando de un médico que es inexperto o inidóneo
en el manejo del problema.
Cuando personas no habilitadas para medicar lo hacen, como
pueden ser los docentes, psicólogos o psicopedagogos
ya estamos hablando de ilegalidad.
¿Por qué en algunas circunstancias es útil
y necesario medicar a las personas con Déficit Atencional?
En los chicos y adolescentes con ADD muchas veces hay que
superar una barrera de alteración neurológica
para poder empezar a construir estrategias diferentes a
las que están en uso.
El Déficit Atencional es una enfermedad oculta, no
se ve, no se reconoce hasta que el ojo de alguien externo
al grupo familiar lo advierte o los mismos padres consultan
porque la convivencia se ha vuelto difícil.
Este problema, el Déficit Atencional, se asienta
sobre tres patas que alteran el funcionamiento de quién
lo padece: la inatención o desatención, la
hiperkinesia o inquietud excesiva y la impulsividad. Las
personas que padecen D.A. casi siempre tienen un nivel de
inteligencia superior.
Los chicos desatentos, inquietos o no, se ausentan de los
estímulos del contexto, no aprenden. Esos momentos
de ensoñación los alejan de los aprendizajes
que se imparten en la escuela y por lo tanto no adquieren
los conocimientos suficientes.
Cuando estas personas son inquietas e impulsivas son creadoras
de perturbación, tanto en la casa como en la escuela
y en los grupos sociales. Los amigos los aguantan poco,
los padres terminan castigándolos, las tensiones
familiares se agudizan y las maestras no los soportan. En
cambio, a los chicos que sólo presentan la desatención
se los descubre tardíamente, porque son “nenes
buenos, no molestan” pero tampoco aprenden.
Las personas con déficit atencional sufren de muy
baja autoestima, se saben segregados, se marginan de actividades
donde el conocimiento es un valor positivo, se vuelven agresivos
contra un medio que no los acepta y la espiral de sufrimiento
y fracasos gira y gira con futuro incierto y cada vez más
doloroso para él y su familia.
Si pensamos que esta cadena puede cortarse con intervenciones
adecuadas, las expectativas cambian.
Es a estas personas a quiénes a veces es necesario
medicar para empezar a cambiar el clima alterado que vive
el niño, su familia y el aula.
El caso de un paciente en tratamiento
Contaré un caso muy interesante que sirve como ejemplo
de lo anterior: Joaquín, llamado así a los
efectos de esta nota, es adolescente, de muy buen nivel
de inteligencia y cultural, rebelde, oposicionista desde
que tenía 3 años, con dificultades para ponerle
límites, ha repetido un grado y ahora repite primer
año de la escuela secundaria. Escribe con muchas
faltas de ortografía, lee con dificultad, por lo
que no lee ni el diario y menos aún las lecciones
para la escuela, en matemáticas tiene dificultades
serias. Cuando se desempeña oralmente se defiende
bien e incluso muy bien si el tema le interesa. Se ha ido
de la casa frente a conflictos con los padres, corre riesgo
social porque quiénes se sienten conforme con sus
conductas impulsivas, arriesgadas y lo aceptan son los pandilleros.
A partir de la medicación se pudo entrar a su mundo,
no se encoleriza como antes, en general puede controlarse,
logra reflexionar sobre otros caminos posibles. Son palabras
de él: tengo que aprender a ponerme frenos”.
Hoy es un muchacho común, con los enojos y conductas
propias de un adolescente, pero manejables y convivibles.
En conclusión...
La medicación puede ser indispensable y muy útil
para generar, junto al tratamiento psicopedagógico,
la evolución necesaria de ciertos pacientes con Déficit
Atencional.
Por ello, es importante vencer los temores que despiertan
éstos psicofármacos principalmente en los
padres de niños, pero a la vez es indispensable consultar
a profesionales entendidos en la materia que aporten la
confianza necesaria al iniciar un tratamiento de éstas
características.
Además estos tratamientos deben acompañarse
de estrategias, contención familiar y profesional
psicopedagógica, porque la medicación por
si sola desde luego que no hará milagros.